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Tuesday, May 12, 2026

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Izarra Rosée



En un cuartel secreto de los 10.000 se encuentran la mujer a la que llaman "La Hielera", Aeminium Conimbriga y Gades Gadir. Están en una improvisada enfermería, recuperándose de heridas causadas en una singular batalla contra un subintendente de Kraken.

—Nunca me contaste cómo fue que se descubrió que Kraken aún existía —lanzó al aire La Hielera. 

—Es una historia que ameritaría un buen escocés y un tabaco —respondió con cierto aire de hastío Gadir. 

—El doctor ha sido muy tajante en esto: cero alcohol mientras estemos en tratamiento. 

—Qué lástima, porque esa historia requiere algo de ello. 

—Bueno, hay jugo de manzana, algo de queso francés y un pan de la abuela; creo que sería un buen reemplazo para aquello que añoras. 

—A falta de whisky... 

—... buenas son arepas —dijo La Hielera soltando una risa, pero Gadir se mantenía serio; o bien no entendía el chiste o simplemente la chanza le había caído ridículamente mal.

—Fue algo que ocurrió hace un par de décadas por mera casualidad —respondió Gadir para cortar de una buena vez la aparente rebeldía de La Hielera. 

—Qué extraño. Es decir, ¿nadie los estaba investigando? 

—Exactamente, ese es el punto más incómodo. 

—Cuéntamelo todo. ¿Exactamente qué ocurrió? 

—¿Estás familiarizada con el nombre de Madame Brandy de Armagnac? 

—¿La condesa? 

—Baronesa, para ser exactos. 

—La verdad no conozco mayor cosa. Sé que es muy nombrada en esas revistas dedicadas al jet-set. 

—La dama es dueña de varias destilerías alrededor del mundo: cinco en Escocia, una en Francia, dos en España y probablemente otras tantas en América y en el Japón. 

—Ok, una millonaria elitista, nacida con cuchara de oro. 

—Quizás, aunque su apellido de soltera no es nobiliario. 

—¿Cuál es? —Grappa. Brandy Grappa. 

—Ah, italiana. 

—Exactamente. 

—Bueno, entremos en lo que nos concierne. ¿Cómo esa misteriosa dama italiana descubrió al Kraken? ¿Acaso es una de los 9.000 o de los 8.000? 

—No tiene afiliación alguna con nuestra organización o con otras del pasado, aunque podría, por mérito propio, pertenecer a cualquiera de ellas. 

—Vaya, se nota que la admiras. 

—Cierto, es alguien muy especial. 

—Uh... —dijo La Hielera aclarándose la garganta—, a ver, entremos en materia. 

—No seas impaciente. Acomodémonos mejor, démosle una mordida a esos quesos y siéntate, que lo que viene tiene su complejidad. 

—Soy toda oídos.

—Todo empezó en una cena elegante. Su marido, el barón de Armagnac, quería darle un presente de cumpleaños y la convidó a un restaurante muy elegante en Cádiz. La comida fue de unos manjares inigualables. En algún punto, la baronesa sintió sed, hizo llamar al maestro de vinos del lugar y ordenó una Tintilla de Rota, la más violeta posible. Pero no había ni una sola gota de ese preciado licor. A cambio, el maestro de vinos ofreció algo muy raro y exclusivo, solo al alcance de alguien muy adinerado y de prestigio: la Izarra Rosada o Rosée, cuya fórmula secreta solo conocían tres personas. La propuesta encantó a la baronesa.

—"Y dígame, señor maestro de vinos, ¿de dónde viene ese líquido?", interrogó la baronesa. 

—"Madame, viene de Grattau, en el País Vasco". 

—"¿Y cómo le dan el color rosado?". 

—"Madame, tengo entendido que lo maduran en barriles hechos con madera de roble de la parte norte del tronco, es decir, la que recibe menos luz al año; de ese modo se asegura que toda la riqueza de la madera pase al líquido". 

—"Qué interesante", dijo la baronesa bajando los ojos. "Me parece bastante exótico y no soy persona acostumbrada a dichas sorpresas; prefiero en ese caso algo local, como el Gran Señor de Urium".

Cosa que el maestro de vinos no tuvo problema en encontrar y fue del agrado de la baronesa, que terminó en compañía de su marido la romántica cena y volvieron muy felices de retorno a casa.

—Aún no veo cómo se descubrió a Kraken en todo ello —señaló La Hielera haciendo cara de confundida. 

—Allí está lo interesante. La baronesa no hizo un escándalo ni llamó la atención; fue muy discreta. Pasaron algunos meses desde ese incidente del restaurante y ella comisionó a su secretario privado, don Remigio Aguilar, para encargarse del tema. Don Remigio conocía bastante bien cómo manejar el asunto sin levantar sospechas y fue con un periodista amigo, el cual se encargó de ir a la destilería. El chico hizo bien el trabajo y él mismo lo llevó ante las autoridades. 

—¿Pero exactamente basados en qué? 

—Como conocedora, la baronesa sabía que las Izarras no se maduran en barriles. Ese detalle la alertó; con lo poco que le dijo el maestro de vinos del restaurante, ella detectó que algo iba mal. Los de la destilería llevaban al menos unas cuatro o cinco décadas produciendo la Izarra Rosée, la cual vendían bastante cara. 

—O sea, era un engaño a plena vista y nadie se había dado cuenta. 

—Se supone que la receta es ultrasecreta. 

—Pero no contaban con la perspicacia de la baronesa —apuntó La Hielera. 

—Las autoridades procedieron a incautar los barriles y destruyeron pieza por pieza la destilería. El líquido se derramó en tierra, como ordena la ley de licores adulterados, y los barriles se quemaron, de modo que no quedó rastro de ese licor. 

—Sí, debieron haber trabajado muy bien, porque nunca antes había escuchado de ese licor. 

—Exactamente. Y de paso, la baronesa logró quitarse a un competidor de encima. 

—¿Cómo se relaciona todo el incidente con Kraken? 

—Por la forma de operación. Resultó que, poco después de la guerra, la tierra en donde estaba la destilería pasó a manos de unos extranjeros. Era una mafia de licores, muy camuflada en el misterio, en recetas místicas y misteriosas para cobrar fortunas por un líquido que quizá no valga tanto como la etiqueta que mercadean. 

—Ok, fue entonces como levantar la piedra y encontrar al alacrán, según veo. 

—Gracias a la baronesa nos dimos cuenta de lo profundamente incrustados que estaban dentro de la sociedad los tentáculos del Kraken. Sin la destilería, logramos bajarle sensiblemente a sus operaciones al norte del país.

—Por lo que describes, la baronesita resultó mucho más peligrosa que Kraken, ya que intuyo que ahora esos dineros que no le llegan a las mafias van a parar a las arcas de dicha mujer. 

—Así es, con la diferencia de que la baronesa, por lo menos, está de nuestro lado. 

—O nos hace creer que está de nuestro lado; quizás haya que vigilar más de cerca a esa Grappa. 

—Cuida tu lengua, mujer.


Wednesday, March 11, 2026

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El Inspector Dan



Esa mañana Crispín Matalascañas estaba bastante alborotado. Entró de improviso a mi despacho, sin siquiera llamar a la puerta.

—Baldomero, lo he encontrado, y lo que ocurre es bastante grave.

—Madre mía, Crispín, ¿qué es todo este escándalo? ¿A quién encontraste?

—No es quién, sino qué.

—Dispara, pues.

—Tengo en mi poder un número inédito de "El Inspector Dan". No preguntes cómo lo conseguí. Según se dice, solo hay tres ejemplares conocidos de ese tiraje.

—¿Quién?

—¡El Inspector Dan! Una tira cómica muy famosa, en la que su protagonista resuelve crímenes macabros en Londres.

—Vas captando mi atención, chaval.

—En este número el Inspector está internado por cuestiones de salud mental. Pero es atendido con mucha dedicación, en recompensa a su talento como asesor de investigadores.

—Bastante raro, pero ¿de qué se trata el crimen que investiga?

—Varios científicos han muerto, pero sus cadáveres no tienen ni una gota de sangre. Se sospecha que se trata de los Cefalópodos de Edimburgo, un grupo ocultista anti ciencia.

—Vale, me tienta. Anda, a ver, déjame darle una ojeada al tebeo, a ver cómo resuelve tu inspector el misterio.

—Eso no va a ser posible.

—¿Por qué? No entiendo.

—Precisamente el número que he conseguido me lo dio un traficante chino de historietas raras, pero la última página, en donde se descubre al culpable, ha sido arrancada.

—Sabía que algo te traías entre manos, Crispín. Sin esa hoja la historieta pierde todo su valor.

—Exacto. Estamos ante un crimen serio. ¿Crees que tú puedas resolverlo?

—Me intriga bastante. Supongo que el principal sospechoso será ese chino que te lo vendió o, lo más fácil y directo: tú alteraste la historieta. ¿Con qué fin? Dímelo tú.

—¡BINGO, Baldomero! Tu mente siempre tan alerta. No he podido engañarte esta vez.

—Bueno, además conozco ese número. Ya lo había visto antes con otro coleccionista y sé exactamente quién cometió los crímenes.

—Me asombras, estimado. Digno miembro de los 10.000.

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Texto escrito para participar en la convocatoria de escritura creativa para "Los Relatos Jueveros" de marzo de 2026, a cargo de El Demiurgo:

La premisa es la siguiente:

Se trata de escribir un relato policial en el que se haya cometido un crimen. Dejo algunas sugerencias:

1) Un personaje está internado por cuestiones de salud mental, pero es atendido con mucha dedicación, en recompensa a su talento como asesor de investigadores.

8) Asesinatos de científicos. Se sospecha de un culto anti ciencia aunque los sospechosos más obvios pueden no ser los culpables.

Ver la llamada original junto con otros relatos que responden al reto siguiendo el enlace.


Thursday, October 2, 2025

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Pico de Élite

Combatir una poderosa organización internacional como Kraken, con tentáculos en Europa y cabeza en España, tiene a veces algo de paradoja: conforme íbamos siguiendo la estela de crímenes, quedó claro que su alcance era mundial. En Nueva York tenían un tentáculo tan grande que hacía palidecer las operaciones que manejaban en el Viejo Continente. Como miembro de Los 10.000 me enviaron en misión encubierta para localizar a los líderes de Kraken en Norteamérica. Obvio: no iba solo; detrás de mí había todo un equipo. Aun así, yo sería la "carne de cañón", mientras el resto pasaba por burócratas y técnicos de soporte.

El plan era sencillo sobre el papel: viajaría primero a Argentina y permanecería allí un tiempo. Desde ese país, con pasaporte, acento y ademanes de gaucho bien ensayados, me introduciría en la vida social de Nueva York como una suerte de hombre de negocios exitoso, ganándome la confianza de ciertas élites. Donde se mueve dinero, allí suele haber algo que huele a podrido, y Kraken sabía cómo ocuparse de esos olores.

¿De dónde saldría la pasta para hacerme pasar por inversor de cartel? No lo sabría concretar del todo, pero tenía acceso a varias cuentas que servirían para cubrir mi tapadera y despistar a cualquiera que olisqueara demasiado.

Tras meses de paciencia, me di cuenta de que donde más asuntos turbios se cocían era precisamente en el MoMA: un plátano con cinta adhesiva podía cotizarse por millones; toda una lavandería disfrazada de exquisitez artística, vaya tela.

No todo lo que olía a fraude era directamente de Kraken; había otras organizaciones metidas en la madeja y delincuentes sueltos. También gente del circuito artístico que, sin pertenecer al hampa, vivía de inflar precios hasta el absurdo.

Me fijé especialmente en una parejita de curadores suecos, los Lasse-Maja, que estaban subastando una pieza muy extraña: un pico de pulpo valorado en 40 millones de dólares. Según su relato, era la boca de una ammonita, extinta hace millones de años, única en el mundo; en resumen, algo apetecible para coleccionistas con demasiada ambición.

El día de la subasta hubo pujas durísimas, pero la obra se adjudicó mediante una oferta por internet. Los Lasse-Maja lograron sacar un botín de cien millones por su "chuchería". Ese fue mi primer aviso; algo en mi intuición me dijo que ese tipo de piezas tendrían tirón entre los círculos de Kraken.

No fue tarea fácil, pero conseguí colocar un trazador en la dichosa escultura. La vanidad de esos líderes sería mi pasaporte para desenmascararlos.

Desde un apartamento alquilado con vistas a Central Park, a prudente distancia del punto de entrega, seguí la señal en mi terminal. La escultura se movió por Manhattan hasta detenerse en la lujosa sede de las Naciones Unidas, un edificio tan célebre que era, en cierto modo, un secreto a plena vista. Allí se congeló el rastro. Atando cabos, comprendí que la Secretaria General era la cabeza del tentáculo de Kraken en Norteamérica. Se me heló la sangre: se trataba de la anciana Greta Thunberg, la filántropa más icónica del mundo, la mujer que durante décadas había financiado proyectos ambientales y coleccionado galardones.

El líder de Kraken en Norteamérica no era un mafioso escondido en un sótano, sino una figura intocable de la alta sociedad, cuyo rostro aparecía en revistas internacionales. Ella había estado a mi lado en un sinfín de galas, dándome palmaditas y alabando mis "éxitos" como inversor argentino. Todo ese tiempo  había sido la cabeza del gran tentáculo a la sombra, ocultándose a plena vista, usando la celebridad, la política y el arte como tapadera perfecta. Lo que empezó como un juego de despistes se convirtió en un enfrentamiento directo; yo, por fin, tenía un nombre.

Vía radio, informé a mi contacto:

— He identificado el huevo de pascua, repito, he identificado el huevo de pascua. ¿Procedo a hacer omelette?

— Negativo, negativo. Los superiores indican que no procedamos. La misión ha terminado; ahora debemos centrarnos en seguir a los Lasse-Maja. Un equipo de expertos de alto calibre vendrá a finiquitar el asunto —contestó una voz fría y distante al otro lado.

¡Maldición! Fuera lo que fuese, alguien había decidido alargar la comedia unos pasos más. Los Kraken son listos como el hambre. Soy agente entrenado y profesional, así que acaté la orden y nos esfumamos sin dejar rastro, a la chita callando, para seguir a la nueva presa. La información que había recopilado era valiosa, pero me quedaba la sensación amarga de que la decisión no era la mejor.

Apagué la terminal, clavé la mirada en la oscuridad de la pantalla y supe, con un frío que me recorrió hasta los huesos, que el verdadero riesgo no era descubrir quién llevaba la máscara, sino que alguien ya se había dado cuenta de que yo la había levantado.



Monday, July 21, 2025

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La Pirámide de Toledo



El alcalde de la ciudad, Alberto Aguilera de Lema, estaba sometido a una gran presión. En solo ocho meses, tres mujeres habían aparecido degolladas en la calle de la Luna, número 22. La unidad de investigación policial no tenía ni la más mínima pista de quién podía estar detrás de semejantes horrores. Por eso, muy a su pesar, se decidió a consultar al Doctor Adrián Costa, un coleccionista de objetos esotéricos rarísimos (nivel: vitrina para cada uno) y miembro de los 10.000.

Costa le había dado cita al alcalde en su piso —bueno, residencia suena más fino— a una hora que no era precisamente de oficina: las once de la noche, en el barrio de Malasaña, que dormía bajo una lluvia fina, muy de peli noir.

—Tengo un artefacto que puede ayudarnos a resolver tu misterio —dijo Costa, señalando una pequeña pirámide metálica que tenía sobre el escritorio, así como quien tiene un pisapapeles mágico.

—¿Dices que este adorno puede darnos la identidad del criminal? Venga ya, eso no tiene ni pies ni cabeza.

—No es un adorno cualquiera. Es la Pirámide de Toledo —un artefacto milenario que se recuperó en una subasta del siglo XVIII en Kiev.

Fue entonces cuando al alcalde le picó la curiosidad y se acercó a mirar bien el objeto misterioso. La superficie estaba tan pulida que parecía recién encerada y brillaba como si llevara LEDs por dentro.

—¿De qué está hecha?

—Pues nadie lo sabe a ciencia cierta. Es una aleación rara que incluye todos los metales plateados menos el tungsteno, que ya sabemos es el soso de la tabla periódica: cero propiedades mágicas.

—¿Y cómo se usa?

—Fácil. Te la pones en la frente, piensas la pregunta y ella... responde. ¿Quieres probar?

—Por supuesto. Adelante, tú primero.

Costa se colocó la pirámide sobre la frente, cerró los ojos y entró en un estado de concentración zen total. Pasaron unos segundos eternos y, de repente, abrió los ojos como si hubiese visto un fantasma en bata.

—No puede ser... es imposible —balbuceó.

—¿Qué has visto? ¡Explícate! —exigió el alcalde, ya sin disimular el pánico.

—La pirámide me ha revelado la identidad del asesino.

—¿Quién es? ¡Dímelo ya!

—No es una sola persona. Es una organización. Antigua, muy antigua. Pensábamos que estaba disuelta, pero nos la han colado bien durante siglos. 

—¿Pero cómo se llaman? ¡Dilo ya!

—Kraken. Han vuelto.



# PARA EL ENCUENTRO JUEVERO DEL 24 DE JULIO, NEOGEMINIS PROPONE:
  
5 ELEMENTOS  

- un paisaje urbano nocturno  
- un elemento tecnológico futurista  
- un peligro inminente  
- un personaje enigmático  
- un desenlace inesperado  


SERIE LOS 10.000


Friday, April 4, 2025

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La Matrioshka del SubIntendente



— ¿Exactamente qué fue lo que salió mal con el asunto de Kraken y el barco perdido de Euratom? —soltó al aire la pregunta Larisa Argos, miembro senior de los 10.000, cuya habilidad consiste en mantenerse libre de inhibiciones.

— Falló todo y fallamos todos —cortó seco Olissipo Ulishbona, el otro senior, un hombre atormentado por varias condiciones febriles como hipermnesia, anamnesis y memoria eidética.

— Soy toda oídos. Cuéntamelo con pelos y señales, desde el principio y sin dejarte nada en el tintero.

— Todo empezó con un acertijo que entregó el Estafeta en turno la noche antes de que el grupo liderado por Onuba Awanaba fuera a confrontar la base de Kraken cerca de Argelia, para recuperar el barco con su cargamento.

— ¿Awanaba es la sinestésica? 

— Justo esa.

— ¿Y quién más iba en el grupo? 

— Estaban Elvira Granada, Auringi Yayyan… 

— La hipnotista y el ambidiestro. 

— …y también iba Gades Gadir. 

— ¿El ajedrecista? 

— El mismo.

— Y con ellos iba tu esposa, Aeminium Conimbriga, la famosa Hielera. 

— También iba —Olissipo hizo una breve pausa para aclararse la voz.

— ¿Y qué decía el acertijo del Estafeta? 

— Absolutamente nada. 

— No te pillo. 

— No era un acertijo escrito. 

— ¿Ah, no? ¿Entonces qué era? 

— Una matrioshka. 

— ¿De esas en las que dentro de una muñeca grande hay otra más pequeña, y así unas cuantas veces? 

— Solo que, en vez de muñeca, el motivo eran 8 pulpos. 

— O sea, un Kraken dentro de otro Kraken.

— Onuba y su grupo tomaron el extraño mensaje como una advertencia de que el enemigo estaba al tanto de sus planes. Pero no captaron del todo el propósito del acertijo de la matrioshka.

— ¿Y cuál era el verdadero significado? 

— Kraken es una jerarquía muy estricta. Cuando te cruzas con un miembro de Kraken, tienes que suponer que tiene un superior mucho más peligroso y con más poder. 

— Y eso no lo sabía Onuba. 

— Ni ella ni ninguno del grupo comprendieron el acertijo.

— ¿Quieres decir que, cuando se enfrentaron al Segundo Subintendente de Kraken, fueron prácticamente a ciegas? 

— Es lo que hemos concluido. El grupo de Onuba logró despachar sin dificultad, uno a uno, a los soldados del enemigo. Penetraron sin mayor esfuerzo los anillos de seguridad que protegían el barco de Euratom. Hasta ahí, todo iba viento en popa.

— Y en algún momento debieron dar con la cámara del Subintendente. 

— Tal cual. Era un enfrentamiento de cinco contra uno, y los cinco bien armados y entrenados en combate cuerpo a cuerpo.

— ¿Qué tenía el Subintendente? 

— Un abanico de papel. 

— Pfff. Seguro que se confiaron. Ojalá hubiera estado yo allí para echarles un cable. 

— Yo también lo creo, pero llegué tarde. Cuando entré a la cámara, Yayyan, Elvira y Aeminium ya estaban fuera de combate, medio muertos. Tenían cortes profundos en el cuello. Vi que Onuba y el Subintendente se miraban fijamente el uno al otro y, al segundo siguiente, ambos chocaron y cayeron al suelo. Onuba tenía la cara como si le hubiesen dado con un mazo, y el Subintendente sangraba por el pecho. Iba a intervenir cuando una escalerilla de helicóptero cayó justo al lado del Subintendente. Este la agarró y se largó, sin que yo pudiera hacer gran cosa. Gades Gadir y yo empezamos a atender a los heridos.

— ¿Cómo los derrotó el Subintendente? 

— Usó algún truco de magia o tecnología que ni de coña conocemos. Había alterado los sentidos: los sonidos se volvían imágenes y lo que se veía se convertía en sonidos. Así los desorientó y los barrió del mapa sin pestañear.

— Pero Onuba logró herirle. ¿Cómo lo hizo ella? 

— Ventajas de ser sinestésica. Onuba ya está curtida en ese tipo de percepciones cruzadas.

— ¿Quiere decir que Kraken también nos ha subestimado? 

— No exactamente. Quizá ese Subintendente en especial no se dio cuenta de ese detalle, pero un Intendente los habría hecho trizas en un suspiro. 

— Es cierto. Yo me he medido con Intendentes y Comisarios de Kraken, y no son moco de pavo. 

— Entonces te falta enfrentarte a un Plenario de Kraken. Ahí es cuando empieza lo serio.

— ¿Y cómo recuperaste el cargamento? —le cortó con cierto desdén Larisa. 

— Estaba en la misma cámara que custodiaba el Subintendente. 

— ¿Qué era? 

— Una especie de cápsula de cristal negro, de unos cuatro metros de largo por dos de ancho.

— ¿Cómo la abristeis? 

— Había otro acertijo en la cápsula: un montón de letras raras en un alfabeto extranjero. 

— Déjame adivinar: un mensaje en griego koiné. ¿Qué decía? 

— Πίεσον τὸν κώδωνα ἵνα τὸ φῶς ἀνάψῃς. 

— ¿El acertijo decía "Presiona la luz"? 

— Veo que tu griego no anda nada mal. Ojalá hubieras estado allí. Pues hicimos lo que dices: entre Gadir y yo, simplemente tocamos la cápsula, y una luz se encendió, dejándonos ver su precioso interior.

— ¿Qué había dentro? 

— Una minotaura en animación suspendida.



Relato que participa en la convocatoria del blog Tintero del Oro:

Escribir un relato que derroche imaginación en el que hay que incluir, además, un acertijo.



SERIE LOS 10.000


I. El Nacimiento

II. Los Vigilantes

III. El invencible

IV. Pluvia Mayrit

V. Bilbo Bilua