— ¿Exactamente qué fue lo que salió mal con el asunto de Kraken y el barco perdido de Euratom? —soltó al aire la pregunta Larisa Argos, miembro senior de los 10.000, cuya habilidad consiste en mantenerse libre de inhibiciones.
— Falló todo y fallamos todos —cortó seco Olissipo Ulishbona, el otro senior, un hombre atormentado por varias condiciones febriles como hipermnesia, anamnesis y memoria eidética.
— Soy toda oídos. Cuéntamelo con pelos y señales, desde el principio y sin dejarte nada en el tintero.
— Todo empezó con un acertijo que entregó el Estafeta en turno la noche antes de que el grupo liderado por Onuba Awanaba fuera a confrontar la base de Kraken cerca de Argelia, para recuperar el barco con su cargamento.
— ¿Awanaba es la sinestésica?
— Justo esa.
— ¿Y quién más iba en el grupo?
— Estaban Elvira Granada, Auringi Yayyan…
— La hipnotista y el ambidiestro.
— …y también iba Gades Gadir.
— ¿El ajedrecista?
— El mismo.
— Y con ellos iba tu esposa, Aeminium Conimbriga, la famosa Hielera.
— También iba —Olissipo hizo una breve pausa para aclararse la voz.
— ¿Y qué decía el acertijo del Estafeta?
— Absolutamente nada.
— No te pillo.
— No era un acertijo escrito.
— ¿Ah, no? ¿Entonces qué era?
— Una matrioshka.
— ¿De esas en las que dentro de una muñeca grande hay otra más pequeña, y así unas cuantas veces?
— Solo que, en vez de muñeca, el motivo eran 8 pulpos.
— O sea, un Kraken dentro de otro Kraken.
— Onuba y su grupo tomaron el extraño mensaje como una advertencia de que el enemigo estaba al tanto de sus planes. Pero no captaron del todo el propósito del acertijo de la matrioshka.
— ¿Y cuál era el verdadero significado?
— Kraken es una jerarquía muy estricta. Cuando te cruzas con un miembro de Kraken, tienes que suponer que tiene un superior mucho más peligroso y con más poder.
— Y eso no lo sabía Onuba.
— Ni ella ni ninguno del grupo comprendieron el acertijo.
— ¿Quieres decir que, cuando se enfrentaron al Segundo Subintendente de Kraken, fueron prácticamente a ciegas?
— Es lo que hemos concluido. El grupo de Onuba logró despachar sin dificultad, uno a uno, a los soldados del enemigo. Penetraron sin mayor esfuerzo los anillos de seguridad que protegían el barco de Euratom. Hasta ahí, todo iba viento en popa.
— Y en algún momento debieron dar con la cámara del Subintendente.
— Tal cual. Era un enfrentamiento de cinco contra uno, y los cinco bien armados y entrenados en combate cuerpo a cuerpo.
— ¿Qué tenía el Subintendente?
— Un abanico de papel.
— Pfff. Seguro que se confiaron. Ojalá hubiera estado yo allí para echarles un cable.
— Yo también lo creo, pero llegué tarde. Cuando entré a la cámara, Yayyan, Elvira y Aeminium ya estaban fuera de combate, medio muertos. Tenían cortes profundos en el cuello. Vi que Onuba y el Subintendente se miraban fijamente el uno al otro y, al segundo siguiente, ambos chocaron y cayeron al suelo. Onuba tenía la cara como si le hubiesen dado con un mazo, y el Subintendente sangraba por el pecho. Iba a intervenir cuando una escalerilla de helicóptero cayó justo al lado del Subintendente. Este la agarró y se largó, sin que yo pudiera hacer gran cosa. Gades Gadir y yo empezamos a atender a los heridos.
— ¿Cómo los derrotó el Subintendente?
— Usó algún truco de magia o tecnología que ni de coña conocemos. Había alterado los sentidos: los sonidos se volvían imágenes y lo que se veía se convertía en sonidos. Así los desorientó y los barrió del mapa sin pestañear.
— Pero Onuba logró herirle. ¿Cómo lo hizo ella?
— Ventajas de ser sinestésica. Onuba ya está curtida en ese tipo de percepciones cruzadas.
— ¿Quiere decir que Kraken también nos ha subestimado?
— No exactamente. Quizá ese Subintendente en especial no se dio cuenta de ese detalle, pero un Intendente los habría hecho trizas en un suspiro.
— Es cierto. Yo me he medido con Intendentes y Comisarios de Kraken, y no son moco de pavo.
— Entonces te falta enfrentarte a un Plenario de Kraken. Ahí es cuando empieza lo serio.
— ¿Y cómo recuperaste el cargamento? —le cortó con cierto desdén Larisa.
— Estaba en la misma cámara que custodiaba el Subintendente.
— ¿Qué era?
— Una especie de cápsula de cristal negro, de unos cuatro metros de largo por dos de ancho.
— ¿Cómo la abristeis?
— Había otro acertijo en la cápsula: un montón de letras raras en un alfabeto extranjero.
— Déjame adivinar: un mensaje en griego koiné. ¿Qué decía?
— Πίεσον τὸν κώδωνα ἵνα τὸ φῶς ἀνάψῃς.
— ¿El acertijo decía "Presiona la luz"?
— Veo que tu griego no anda nada mal. Ojalá hubieras estado allí. Pues hicimos lo que dices: entre Gadir y yo, simplemente tocamos la cápsula, y una luz se encendió, dejándonos ver su precioso interior.
— ¿Qué había dentro?
— Una minotaura en animación suspendida.
Relato que participa en la convocatoria del blog Tintero del Oro:
Escribir un relato que derroche imaginación en el que hay que incluir, además, un acertijo.
SERIE LOS 10.000


