Tuesday, April 7, 2026

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Goliarda Glosadora


I.

Décadas atrás, La Buhardilla no era una simple taberna; en realidad, era el punto de encuentro de los estudiantes de la universidad. Los había de todas las facultades, pero en especial de arquitectura; los de ingeniería también iban, aunque eran menos numerosos. Aunque de noche su propósito era vender licor, de día ofrecía almuerzos y servicio de fotocopiado.

Era tal la cantidad de gente que atraía que incluso los asiduos comenzaron a llamarse "los buhardilleros", pero no solo estudiantes había entre quienes se daban cita en tan distinguido lugar. También había mendigos que se acercaban esperando recoger alguna moneda entre los estudiantes. Había uno bastante particular: por el precio de un billete de autobús, "el flaco" podía hacer un retrato en una hoja de papel algo maltratada. No era del todo malo aquello que ofrecía: con unos lápices de artista, una sarta de líneas, borrones y manchones, hacía siempre un boceto muy parecido del rostro de perfil del "modelo" que tuviera delante.

A los estudiantes les gustaba; así, un día un chico de ingeniería llegó con su libro de física moderna bajo el brazo a sacar fotocopias de los capítulos dedicados a la física cuántica. Mientras hacía la cola para ser atendido, se dejó convencer por "el flaco", pagó el precio y recibió la hoja medio emborronada, medio doblada y con lo que podría parecer su rostro, hecho en múltiples líneas de carboncillo, sanguina y tiza blanca, sin ton ni son.

II.

Larisa Argos, mujer poco dada a inhibiciones, estaba bastante nerviosa. Con el asunto del grimorio, tener que llevarlo a Goliarda Glosadora —su antigua maestra y miembro de los 9,000— era lo último que deseaba hacer; pero dadas las circunstancias, y siendo la única experta fiable en dichas materias, parecía el curso lógico de acción.

—Todos sabemos que descifraste el Voynich; pues bien, aquí te traigo algo similar: el cuarto grimorio de Kraken. No preguntes cómo lo conseguimos, muchos murieron por él.

—Si ese libro llegó aquí es porque así lo desea; ese tipo de obras saben cuidarse solas y tienen voluntad propia.

—La mística no es lo mío; de ahí solo me interesa una cosa: se dice que en ese libro está la identidad del líder de Kraken.

—Ya estoy bastante vieja y cansada, mis ojos han visto demasiado, pero, en fin, déjame echarle un vistazo a eso que traes. ¿Es el original o una copia?

—No lo sé. ¿Eso hace alguna diferencia?

Pero Goliarda no contestó. Tomó el libro y comenzó a ojearlo; a veces adelantaba varias páginas y otras retrocedía y miraba con cuidado. Era de esos libros con un alfabeto críptico, indescifrable y con dibujos sin sentido alguno.

—Tienes toda la razón, aquí se cuenta quiénes han sido los últimos ocho líderes de esa organización.

—¿Cómo lo sabes?

—Aquí dice esto… aunque aún no lo haya dicho, en esta nota a pie de página —dijo Goliarda mientras le señalaba a Larisa un párrafo al margen.

—Solo veo garabatos y garrapiña; si tú lo dices, supongo que será así.

—No son garabatos, mira con más cuidado. Si no te has dado cuenta, hay exactamente ocho retratos que parecen insertados. No son del mismo calígrafo que hizo el libro; estos retratos parecen haber sido añadidos al azar.

(Garabato: palabra empleada por quienes no saben leer destinos).

—¿El libro cuenta la vida de esos líderes? ¿Los identifica?

—No exactamente, este es un grimorio de chakras.

—Ah, los famosos siete chakras del ser humano.

—Exacto, pero aquí se habla de un octavo chakra, o mejor, de un hombre de ocho chakras —dijo Goliarda mientras le mostraba un dibujo que más parecía un esbozo hecho en carboncillo y sanguina.

—¿Entonces debemos buscar a ese hombre con ocho chakras?

—No estás poniendo atención —dijo Goliarda y, sin previo aviso, le plantó una bofetada en pleno rostro a Larisa—. ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? Hay cosas que son solo en apariencia y su sentido es más profundo de lo que parece.

Un poco confundida por la bofetada, Larisa tan solo acertó a decir:

—No vuelvas a intentar tus trucos; si se repite, te juro que haré desaparecer para siempre el recuerdo de los 9,000.

—No me asusta lo que dices. Si el destino de los 9,000 es caer en el olvido, ¿quién asegura que los 10,000 serán relevantes cuando aparezcan los 11,000 o los 12,000?

—¿Destino? Yo misma me lo forjo.

—Ja, ustedes los 10,000 se creen invulnerables con sus absurdas habilidades superheroicas, pero carecen de alma… de mística.

—No quiero entrar en teorías, explícame exactamente a quién debemos buscar.

—Los ocho chakras son más que un mero hombre; son una puerta a otras realidades.

—¿Tal como se supone que ocurre a nivel cuántico?

—Exactamente.

—¿Y por dónde empezamos? Tan solo tenemos ese dibujo, que no es más que un mero galimatías.

—Ja, otra vez los 10,000 andan perdidos. Conocí al artista que hizo esos retratos: era "El Mentor", un miembro de los 8,000. Durante años se dedicó a seguir a personas de alto potencial; quizá él mismo fue quien insertó los retratos en el grimorio.

—Con ese mamarracho no se puede seguir a nadie.

—Es más que un dibujo. Cada línea, cada color, cada manchón significa algo. Este dibujo cuenta exactamente el destino de la persona que buscas, solo tienes que saber leer entre líneas. Pero ten cuidado: otras veces la información se ha malinterpretado… o era directamente falsa.

—Pues supongo que, sin un autorretrato mío, mi destino es cazar a ese tal "Ocho Chakras".

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