I.
Décadas atrás, La Buhardilla no era una simple taberna; en realidad, era el punto de encuentro de los estudiantes de la universidad. Los había de todas las facultades, pero en especial de arquitectura; los de ingeniería también iban, pero eran menos numerosos. Aunque de noche su propósito era vender licor, de día ofrecía almuerzos y servicio de fotocopiado.
Era tal la cantidad de gente que atraía que incluso los asiduos comenzaron a llamarse "los buhardilleros", pero no solo estudiantes había entre quienes se daban cita en tan distinguido lugar. También había mendigos que se acercaban esperando recoger alguna moneda entre los estudiantes. Había uno bastante particular: por el precio de un billete de autobús, "el flaco" podía hacer un retrato en una hoja de papel algo maltratada. No era del todo malo aquello que ofrecía: con unos lápices de artista, una sarta de líneas, borrones y manchones, hacía siempre un boceto muy parecido del rostro de perfil del "modelo" que tuviera delante.
A los estudiantes les gustaba; así, un día un chico de ingeniería llegó con su libro de física moderna bajo el brazo a sacar fotocopias de los capítulos dedicados a la física cuántica. Mientras hacía la cola para ser atendido, se dejó convencer por "el flaco", pagó el precio y recibió la hoja medio emborronada, medio doblada y con lo que podría parecer su rostro, hecho en múltiples líneas de carboncillo, sanguina y tiza blanca, sin ton ni son.
II.
Larisa Argos, mujer poco dada a inhibiciones, estaba bastante nerviosa. Con el asunto del grimorio del Clan Destino, tener que llevarlo a Goliarda Glosadora —su antigua maestra y miembro de los 9,000— era lo último que deseaba hacer; pero dadas las circunstancias, y siendo la única experta fiable en dichas materias, parecía el curso lógico de acción.
—Todos sabemos que descifraste el Voynich; pues bien, aquí te traigo algo similar: el cuarto grimorio de Kraken. No preguntes cómo lo conseguimos, muchos murieron por él.
—Si ese libro llegó aquí es porque así lo desea; ese tipo de obras saben cuidarse solas y tienen voluntad propia.
—La mística no es lo mío; de ahí solo me interesa una cosa: se dice que en ese libro está la identidad del líder de Kraken.
—Ya estoy bastante vieja y cansada, mis ojos han visto demasiado, pero, en fin, déjame echarle un vistazo a eso que traes. ¿Es el original o una copia?
—No lo sé. ¿Eso hace alguna diferencia?
Pero Goliarda no contestó. Tomó el libro y comenzó a ojearlo; a veces adelantaba varias páginas y otras retrocedía y miraba con cuidado. Era de esos libros con un alfabeto críptico, indescifrable y con dibujos sin sentido alguno.
—Tienes toda la razón, aquí se cuenta quiénes han sido los últimos ocho líderes de esa organización.
—¿Cómo lo sabes?
—Aquí dice esto… aunque aún no lo haya dicho, en esta nota a pie de página —dijo Goliarda mientras le señalaba a Larisa un párrafo al margen.
—Solo veo garabatos y garrapiña; si tú lo dices, supongo que será así.
—No son garabatos, mira con más cuidado. Si no te has dado cuenta, hay exactamente ocho retratos que parecen insertados. No son del mismo calígrafo que hizo el libro; estos retratos parecen haber sido añadidos al azar.
(Garabato: palabra empleada por quienes no saben leer destinos).
—¿El libro cuenta la vida de esos líderes? ¿Los identifica?
—No exactamente, este es un grimorio de chakras.
—Ah, los famosos siete chakras del ser humano.
—Exacto, pero aquí se habla de un octavo chakra, o mejor, de un hombre de ocho chakras —dijo Goliarda mientras le mostraba un dibujo que más parecía un esbozo hecho en carboncillo y sanguina.
—¿Entonces debemos buscar a ese hombre con ocho chakras?
—No estás poniendo atención —dijo Goliarda y, sin previo aviso, le plantó una bofetada en pleno rostro a Larisa—. ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? Hay cosas que son solo en apariencia y su sentido es más profundo de lo que parece.
Un poco confundida por la bofetada, Larisa tan solo acertó a decir:
—No vuelvas a intentar tus trucos; si se repite, te juro que haré desaparecer para siempre el recuerdo de los 9,000.
—No me asusta lo que dices. Si el destino de los 9,000 es caer en el olvido, ¿quién asegura que los 10,000 serán relevantes cuando aparezcan los 11,000 o los 12,000?
—¿Destino? Yo misma me lo forjo.
—Ja, ustedes los 10,000 se creen invulnerables con sus absurdas habilidades superheroicas, pero carecen de alma… de mística.
—No quiero entrar en teorías, explícame exactamente a quién debemos buscar.
—Los ocho chakras son más que un mero hombre; son una puerta a otras realidades.
—¿Tal como se supone que ocurre a nivel cuántico?
—Exactamente.
—¿Y por dónde empezamos? Tan solo tenemos ese dibujo, que no es más que un mero galimatías.
—Ja, otra vez los 10,000 andan perdidos. Conocí al artista que hizo esos retratos: era "El Mentor", un miembro de los 8,000. Durante años se dedicó a seguir a personas de alto potencial; quizá él mismo fue quien insertó los retratos en el grimorio.
—Con ese mamarracho no se puede seguir a nadie.
—Es más que un dibujo. Cada línea, cada color, cada manchón significa algo. Este dibujo cuenta exactamente el destino de la persona que buscas, solo tienes que saber leer entre líneas. Pero ten cuidado: otras veces la información se ha malinterpretado… o era directamente falsa.
—Pues supongo que, sin un autorretrato mío, mi destino es cazar a ese tal "Ocho Chakras".
— Eso es precisamente lo que va a constar en la antepenúltima nota marginal de ese cartapacio que me trajiste.


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Hola, Lucila, un dibujo en el que se "lee" el destino de cada persona. ¿Y si existiese de verdad? ¿Te imaginas? Como en tu relato, sería la bomba. Seguro que lo buscaríamos todos, aunque, me pregunto, ¿sería bueno conocerlo o no? ¿Querría saberlo o no? Muy reflexivo tu relato.
ReplyDeleteMuchas gracias por participar en el reto del Tintero.
Un abrazo. :)
Hola Lucila,
ReplyDeleteNos presentas un relato de lo más alucinante, con esa posibilidad de leer el destino de cada uno en un dibujo o garabato. La verdad es que impone un poco y no me gustaría que nadie se ofreciera a hacerme ninguno de esos "retratos". El futuro no hay que ir a buscarlo; ya llegará solo, cuando estemos preparados para afrontarlo.
Un fuerte abrazo y mucha suerte en el concurso.
Hola Lucila, tu propuesta para el concurso es muy interesante, con elementos místicos y de misterio. Como es parte de una saga hay elementos que tomarían más fuerza conociendo los antecedentes. Destaco tus diálogos y la caracterización de personajes. Tras la lectura se queda uno parado en el dintel de un gran misterio y por supuesto, con la certeza de que "el flaco" es más de lo que aparenta ser. Te felicito y mucha suerte con tu saga.
ReplyDeleteSaludos Lucila, nos cuentas una narrativa que huele a tiza, a café de taberna y a pergamino antiguo, y que me deja con ganas de saber más sobre ese "hombre de ocho chakras" y sobre el flaco que, sin saberlo, pudo haber dibujado algo más que rostros, y me encanta cómo el relato teje dos líneas aparentemente inconexas —el "flaco" que hace bocetos a cambio del precio de un billete de autobús, y la encriptada búsqueda de los líderes de Kraken— para revelar que el arte, incluso el más borroso y marginal, puede contener destinos enteros. Abrazos virtuales desde Venezuela
ReplyDeleteHola Lucila! Me ha encantado el concepto de dejar registrado en un reltrato el destino de una persona! Al ir leyendo tu relato he recordado algun relato anterior de tu saga! Muy interesante! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!
ReplyDeleteUna historia muy bien armada y de lo más intrigante. El recurso del retrato como forma de conocer el destino es muy sugerente y muy original. Muy buen relato, Lucila.
ReplyDeleteSubyuga el asunto de la criptoinfo residente en el grimorio. Primero tengo que decir que la ilustración mesmeriza profundamente y escogida está con virtud, pues es un complemento que al empezar a leer ya desea el lector descifrar que simboliza tu viñeta. Al acabar el relato y comprender al mendigo que esbozaba, uno recuerda la cita de Hebreos en La Biblia (aquello de "...Tened cuidado de a quien albergais, pues algunos sin saberlo, lo hicieron con ángeles..."–tiro de memoria veterotestamentaria y quizás me equivoque, pero viene al pelo–) aplicado aquí en el sentido de su camuflaje en relación a Su Sino de Ser El Mentor. Tu relato me llena de deliciosa incertidumbre, y está escrito también con humor (¡esa bofetada me encanta –además a veces retiran histerias sobrevenidas!) El Destino, si ya de por sí es mistagógico, en tus textos aún más elevado a la máxima potencia. El párrafo de comienzo me entretuvo largamente y con melancolías, pues tal cual me recordó mis ceremoniales en tiempos de Facultad en La Universidad, con antros similares o peores a los que aquí se describen (¡jaaaa, ja,ja,ja, : Existieron algunos en mis andanzas que no le recomendaría ni a mi peor enemigo que acudieraaaaaaaa, jeee, je,je,je!) La amalgama literaria que compartes ha sido para mí, un catalizador alguímico en mi crisopeya mental y kamarrúpica que me ha dejado extenuado de taaaaanto disfrutar; que me aspen, mereces un . . . .–ostras ya me guardaré explicitar qué te mereces, no sería justo con el género humano que participa– pues eso.....que me hechiza y mucho. ¡ D u c I n A l t u m , L u c i l a ! 💎
ReplyDelete"un catalizador alquímico", se me coló un gazapo de tan emocionado que estaba reflexionando.¡ Ahora queda bien escrito! Disculpa mis Ires y Venires. 😂
DeleteHola Lucila, nos tomas de la mano y nos introduces en un ambiente que me hubiera gustado conocer con el incentivo de ese interesante y extraño personaje "El Flaco". Recuerdos de una época universitaria donde se vivía intensamente en el bar de turno, donde menos estudiar, se hacía casi de todo: reflexionar, discutir, intercambiar libros y experiencias, filosofar, cantar, pasar unos apuntes, esbozar un dibujo con un carboncillo... En realidad, lo de leer el destino de cada uno en un garabato, es lo único que no hacíamos, aunque el tarot salía a relucir cada tanto. Y estoy segura que hubiéramos saltado de alegría si lo hubiéramos descubierto. ¡Me ha encantado vivir ese momento! Saludos de Marlen
ReplyDeleteAsí que era el Mentor....
ReplyDeleteA ver si mucha gente que he conocido no son lo que me parecían.
A ver si yo soy mil otros en mil universos cuánticos...
A ver si ahora mismo que estoy tecleando en otro tiempo ese tecleo hace brotar flores inesperadas.
Me callo, ya me callo, vale, vale,... jajaaja
Hola Lucy. Tu relato tiene un sabor a esas películas de Indiana Jones. El misterio y la mística se entremezclan para dar lugar a una aventura que no ha hecho más que comenzar, con una búsqueda que se prevé interesante. El estudiante parece que tiene reservado un destino más importante de lo que parecía inicialmente, es ni más ni menos que el hombre de ocho chakras. El auténtico significado de ello quedará para otra entrega, pero se intuye importante. Un diálogo bien elaborado entre Goliarda y Larisa, sin acotaciones innecesarias, en el que la referencia al manuscrito Voynich introduce de nuevo un aura de misterio. El final queda abierto a una continuación. Te felicito por tu imaginación. Un abrazo.
ReplyDeleteHola, Lucila. Parece claro que alguien tiene una cita con el destino. Un relato de fantasía muy bien trazado y un diálogo muy afilado entre Goliarda y Larisa. Te felicito.
ReplyDeleteUn abrazo.
Hola, Lucila. Un relato muy peculiar, con una imaginería tan extraña como sugerente. La idea de un dibujo que pueda “leer” el destino resulta muy original, aunque el texto se mueve en un territorio bastante críptico y simbólico. Así que era el Mentor… Sí, desde luego, no se puede uno fiar de los que tienen ocho chakras. Un abrazo.
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