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Tuesday, March 3, 2026

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Los 4 jinetes


Era una mañana de 1984 y Emmanuel Goldstein se acercaba peligrosamente a robar mis huevos:

— ¿Por qué mi señor viene a mí, pudiendo tener a cualquier mujer?

— Mis cuatro hijos no pueden provenir de cualquiera; siendo los hijos del Príncipe de las Tinieblas, merecen una madre que rivalice con las profecías bíblicas.

— Tan solo soy una miserable sierva que duerme a las puertas de la ciudad de Teherán.

— Querrás decir la Minotaura más cruel que permanece a las afueras, tentando a todo aquel que se atreve a cruzar este rincón olvidado de la mano del... «Altísimo» —dijo el Maligno, haciendo gestos de atragantarse con la última palabra, mientras señalaba una pila maloliente de huesos a medio roer.

— Hago lo que puedo para sobrevivir —contesté, bajando la cabeza.

— Me darás cuatro hijos: uno gobernará al Norte, el segundo al Poniente, otro será banquero y el más chico, sacerdote.

— Por un precio puedo ser la madre de toda tu prole; hasta nietos puedo darte si veo una bolsa de oro en mi lecho.

— Está hecho, pero te advierto: tus días están contados. Parirás con dolor y después nadie volverá a saber de tu existencia.

— ¿Adónde iré?

— Con tu «prontuario», no creo que a «goody gudi» le intereses mucho. Me temo que tendré que llevarte a vivir a mi humilde mansión de los reinos subterráneos.

— ¿Seré tan reina como tú?

— No lo creo; soy Príncipe y más bien la paso de solterón, pero qué más da: un cambio caótico en mis dominios no sería raro. Al menos tienes cuernos.

— Los críos tendrán cara de vaca y piernas de cabra, ¿en qué colegio los iban a recibir?

— No dudes más, mujer, de eso me encargo yo.


Relato participante en el Microreto del Tintero de Oro, marzo 2026, 

«La bestia». Ver condiciones y otras participaciones siguiendo el enlace.

Wednesday, February 19, 2025

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Minino

Estando de visita en un mercado de El Cairo, un vendedor de recuerdos se dirigió repentinamente a mí en una mezcla de inglés y árabe:  

—¡Hanem! Este es un regalo especial de Egipto.  

—No estoy interesada en figurillas de gatos —contesté secamente, con aire descortés.  

Mala idea. No debí haber dicho palabra alguna. Ahora que había captado mi atención, no quiso despegarse y comenzó a seguirme mientras yo intentaba continuar con mi itinerario.  

—Disculpe, no quise molestarla. Acepte este don. Ha estado buscándola por siglos.  

Intrigada por su frase, le pregunté cuánto quería por el objeto que me ofrecía.  

—Siempre ha sido suyo —respondió, colocando la estatuilla en mis manos antes de desaparecer entre la multitud.  

Decidí conservar el recuerdo, que consideré anecdótico, pensando que podría servir de adorno en mi hogar, al otro lado del mundo.  

De regreso en casa, coloqué la estatuilla en la mesa central de la sala. Cuando Arturo, mi novio, vino a visitarme, le causó curiosidad la pieza. La tomó en sus manos y comentó:  

—Esto debió costarte una fortuna.  

—¿Por qué? Es solo un souvenir.  

—Si no te has dado cuenta, está hecha de diorita, un material raro y valioso.  

—Quizás pueda venderlo al museo o a algún coleccionista —dije sin ocultar mi codicia.  

A la mañana siguiente, Arturo ya se había ido. Supuse que salió temprano al trabajo y no quiso despertarme. Como de costumbre, fui a prepararme el desayuno, pero esta vez noté que la estatuilla no estaba en la sala. Al principio no le di demasiada importancia, pensando que él la habría movido.  

Busqué por toda la casa. Al llegar al armario, di un salto cuando un gato negro salió de entre la ropa y se escondió bajo la cama.  

—¿De dónde saliste tú? —murmuré, acercándome lentamente.  

El gato me miró fijamente con sus ojos dorados, de una manera inquietantemente familiar.  

—Si pudieras hablar, seguro responderías: “No hay nada igual a mí excepto yo”.  

El gato comenzó a olisquearme y a refregarse contra mis piernas, como marcando su territorio.  

—¿Arturo? —pregunté, incrédula.  

El peludo intruso se limitó a responderme con un ronroneo y un leve mordisco en mis pies descalzos.  

🐈

Texto compuesto para participar en la convocatoria de "Jueves de Relatos", con El Demiurgo de Hurlingham como anfitrión. Esta semana hay que escoger entre diferentes frases dichas por metahumanos, héroes o villanos. Ver la convocatoria en su blog siguiendo este enlacé.

Thursday, March 28, 2024

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Viaje al fondo del mar


La Almirante Nelson me había mandado llamar, eso siempre significa problemas muy serios, únicamente me animaba ir a su oficina el tener la oportunidad de ver al nuevo secretario de Nelson, el grumete Kowalsky, que se me apetece muy guapo y estoy segura, no le soy indiferente.

— Capitan Crane, ¿Dígame, qué sabe usted de los platos voladores?

— Almirante, sé que la gente ve muchas cosas que no existen, podrían ser globos meteorológicos o las auroras o incluso alucinaciones y los clásicos relatos de mujercitas verdes contados por chicas borrachas. Desde que lanzamos la bomba a las Japonesas han estado apareciendo con más frecuencia que antes.

— Tiene usted razón, es por ello que La Secretaria Kissinger ha pedido al SeaView que usted misma vaya en la batisfera a estas coordenadas, en donde se sospecha se encuentra hundido en lo profundo del mar uno de esos platos voladores.

— ¿Qué ocurre, la Presidente Nixon aún insiste en ir a la luna?

— Es posible, ella insiste en ganarle la carrera a las Rusas.

— Según esas coordenadas se debe tratar de un sitio bastante profundo, deben ser al menos 8 o 9 kilómetros.

— Así es, en razón de ello solamente podemos bajar por unos dos minutos y volveríamos de inmediato a subir a la superficie a fin de que no muera usted aplastada por la brutal presión.


Hice tal cual me dijeron, baje, vi el objeto enterrado en lo profundo del océano y volví a subir.


— Muy bien Crane, ¿qué vio usted? — gruñó la Almirante a mi regreso.

— Efectivamente, hay uno de esos platos volantes, probablemente al ingresar a la atmósfera la piloto debió haber perdido el control y terminó estrellándose en el fondo del mar.

— ¿Había señal alguna de las tripulantes?

— No lo creo, parece el accidente debió haber ocurrido hace más de 9000 años.

— ¿Qué tamaño tiene?

— Debe ser una estructura de al menos 100 metros de diámetro por unos 30 de alto.

— Nuestras científicas se encargarán de estudiarlo.

— ¿Científicas? Es mejor que la Presidente vaya preparando un equipo de constructoras. 

— ¿Por qué lo dice?

— El plato volador está hecho de cemento sólido, hormigón reforzado en su gran mayoría.





El blog La Trastienda del Pecado convoca a escribir un relato de 350 palabras acerca de una ciudad hundida en el fondo del mar, pero se debe incluir un giro imprevisto en la trama.