Friday, March 14, 2025

El caso Troya

Hector Troya no entendía cómo una Numeróloga y Alquimista Empresarial ciega iba a aclarar el lío del asesinato de su tío Aquiles. Pero si el Jefe de Policía la había recomendado como la única capaz de desentrañar el misterio, algo sabría. Según él, había formado parte de "los 10.000". Ahora bien, lo que no terminaba de cuadrarle a Hector era la "oficina" de la dama: rollos de papiro, animales disecados, olor de incienso, muñecos de vudú repletos de alfileres, estatuas de minotauras, fetos en botellas.... Más que una agencia de profesionales, parecía un museo macabro.

—Adelante, señor Troya. ¿Trajo objetos de la escena del crimen? —dijo Pluvia Mayrit con una voz tranquila, pero firme.

—Un portarretratos, unas flores marchitas y ... umh ... el vestido y los zapatos rojos que llevaba mi tío cuando le encontraron —respondió él, algo titubeante.

—Bien, aunque unos cabellos ayudarían.

—El Jefe me dio una bolsita con algunos, junto con una copa de vino.

—Perfecto. ¿Y la foto del lugar?

—Aquí está. Si quiere, se la describo.

—No hace falta. Deposite todo en aquel caldero encendido.

Hector, con una ceja levantada, obedeció. Fue dejando los objetos, uno tras otro, en el caldero donde una agua verdosa borboteaba de forma inquietante. Pluvia esparció un polvo brillante en el liquido y comenzó a recitar unas palabras de un idioma antiguo y olvidado.

San Valentin, San Valentin

Per tenebras ad veritatem 

revela quod occultum est

De repente, la mujer cayó al suelo, puso los ojos en blanco, convulsionó y empezó a babear.

Hector, al borde de perder la paciencia, estuvo a punto de soltar un "¡vaya timo!" y largarse, pero Pluvia, sin incorporarse, dijo con una claridad pasmosa:

—Señor Troya, mire al caldero. ¿Qué ve?

Con escepticismo, Hector se dignó a mirar. Y lo que vio le heló el alma.

—¡Es Don Patroclo Micenas!... el socio de mi tío.

—Ahí tiene usted a uno de los asesinos, falta el complice, eso será asunto de otra sesión. En una semana recibirá la factura en su domicilio por mis servicios de hoy. Podrá pagarme a 90 días, en tres contados. Le deseo que pase un buen día, señor Troya.


Neogeminis para los encuentros de Cada Jueves un Relato, propone lo siguiente:

"Desarrollar historias surgidas a partir de lo que vean e imaginen en alguna de las siguientes imágenes. En cada una he intentado resumir las pistas con las que un eventual investigador se encontraría al revisar cada Escena del Crimen, dando pie a la historia que se les ocurra como antelación a ese desenlace trágico."

Ver todas las condiciones 

Para el reto he escogido la foto número 1


SERIE LOS 10.000

I. El Nacimiento

II. Los Vigilantes

III. El invencible

Wednesday, February 19, 2025

Minino

Estando de visita en un mercado de El Cairo, un vendedor de recuerdos se dirigió repentinamente a mí en una mezcla de inglés y árabe:  

—¡Hanem! Este es un regalo especial de Egipto.  

—No estoy interesada en figurillas de gatos —contesté secamente, con aire descortés.  

Mala idea. No debí haber dicho palabra alguna. Ahora que había captado mi atención, no quiso despegarse y comenzó a seguirme mientras yo intentaba continuar con mi itinerario.  

—Disculpe, no quise molestarla. Acepte este don. Ha estado buscándola por siglos.  

Intrigada por su frase, le pregunté cuánto quería por el objeto que me ofrecía.  

—Siempre ha sido suyo —respondió, colocando la estatuilla en mis manos antes de desaparecer entre la multitud.  

Decidí conservar el recuerdo, que consideré anecdótico, pensando que podría servir de adorno en mi hogar, al otro lado del mundo.  

De regreso en casa, coloqué la estatuilla en la mesa central de la sala. Cuando Arturo, mi novio, vino a visitarme, le causó curiosidad la pieza. La tomó en sus manos y comentó:  

—Esto debió costarte una fortuna.  

—¿Por qué? Es solo un souvenir.  

—Si no te has dado cuenta, está hecha de diorita, un material raro y valioso.  

—Quizás pueda venderlo al museo o a algún coleccionista —dije sin ocultar mi codicia.  

A la mañana siguiente, Arturo ya se había ido. Supuse que salió temprano al trabajo y no quiso despertarme. Como de costumbre, fui a prepararme el desayuno, pero esta vez noté que la estatuilla no estaba en la sala. Al principio no le di demasiada importancia, pensando que él la habría movido.  

Busqué por toda la casa. Al llegar al armario, di un salto cuando un gato negro salió de entre la ropa y se escondió bajo la cama.  

—¿De dónde saliste tú? —murmuré, acercándome lentamente.  

El gato me miró fijamente con sus ojos dorados, de una manera inquietantemente familiar.  

—Si pudieras hablar, seguro responderías: “No hay nada igual a mí excepto yo”.  

El gato comenzó a olisquearme y a refregarse contra mis piernas, como marcando su territorio.  

—¿Arturo? —pregunté, incrédula.  

El peludo intruso se limitó a responderme con un ronroneo y un leve mordisco en mis pies descalzos.  

🐈

Texto compuesto para participar en la convocatoria de "Jueves de Relatos", con El Demiurgo de Hurlingham como anfitrión. Esta semana hay que escoger entre diferentes frases dichas por metahumanos, héroes o villanos. Ver la convocatoria en su blog siguiendo este enlacé.

Sunday, February 2, 2025

El Invencible



En algún castillo al norte del País Vasco, un grupo de hombres y mujeres excepcionales se ha reunido para discutir un asunto de extrema urgencia y de seguridad nacional.  

—A mí esto me huele y sabe a chamusquina —soltó visiblemente molesta Onuba Awanaba, la sorprendente mujer sinestetica  — Lo que dijo el Almirante Pirro Cartago en la conferencia de esta mañana tenía un tufo a operaciones encubiertas que tira para atrás.  

—Aunque supongamos que el Almirante nos ha soltado una trola o nos ha dado la información a medias, el mero hecho de que nos haya reunido y encargado esta misión ya indica que en el gobierno hay alguien muerto de miedo —respondió con frialdad Gades Gádir, el hombre que ostentaba el título de campeón mundial tanto de ajedrez como del legendario juego del Go.  

—Estoy de acuerdo —intervino Elvira Granada haciendo ademanes de hipnosis—. Lo mejor que podemos hacer es repasar con calma lo que dijo el almirante.  

—Vale, al lío —asintió Onuba—. Según el Almirante, El Invencible, un buque de la flotilla privada de EURATOM, desapareció en algún punto entre los puertos de Orán y Algeciras. La última comunicación fue cerca de las islas Habibas. Y de ahí… ni rastro. Se esfumó del radar y de los satélites.  

—No veo el engaño —apuntó Elvira con tono meditabundo—. Conozco bien esa zona. El archipiélago de Habibas suele estar cubierto por una niebla espesa y está plagado de piratas, contrabandistas y demás gentuza. Incluso grupos terroristas. Además, si El Invencible iba cargado con 300 toneladas de uranio, cualquiera de esos islotes serviría para esconder un barco así.  

—Pues ahí es donde a mí me patina la historia —replicó Onuba, cruzándose de brazos—. Un buque de ese tamaño no desaparece así como así. Y si alguien ha querido robar la carga, necesitaría mano de obra muy especializada para manejar ese material radiactivo. Básicamente, sería un suicidio intentarlo sin el equipo adecuado.  

—A ver, que estamos hablando del Almirante Pirro Cartago —intervino Auringi Yayyan un hombre de prodigiosa ambidestreza — No creo que nos la esté colando ni que pretenda usarnos como chivos expiatorios. Si ha ocultado algo, será por una buena razón. Es un tipo astuto, sí, pero con nosotros siempre ha ido de frente.  

—Yo es que no me fío ni un pelo —dijo Onuba con expresión grave—. Si no hay piratas ni uranio de por medio, lo más probable es que nos estén tendiendo una trampa.  

—También puede ser que el Almirante haya sido discreto porque su discurso iba dirigido a demasiada gente —intervino por primera vez la hermosa Aeminium Conimbriga, que hasta entonces había permanecido en silencio—. Lo lógico es pensar que hay alguien muy preocupado por esa carga, ya sea radiactiva… o de otra clase.  

—¿Carga de otra clase? —preguntaron todos al unísono.  

—Empiezo a hilar cabos… —musitó Onuba, como si acabara de encenderse una bombilla en su cabeza.  

—Debe de haber algo o alguien muy importante para el gobierno en ese buque —apuntó Gades Gádir.  

—¿Alguien? —terció Elvira, frunciendo el ceño.  

—Ahora lo veo claro —exclamó Onuba, con un brillo de emoción en los ojos—. En El Invencible iba alguien de manera clandestina. Pero no contaban con que esas aguas están controladas por los chicos malos.  

—No por unos cualquiera —corrigió Aeminium con tono gélido—. Esa zona es territorio de la Organización Kraken.  

—¡¿Kraken?! —repitió Onuba, boquiabierta—. Pero si se suponía que habían desaparecido hace décadas… Es imposible que hayan vuelto.  

—Aeminium tiene razón —intervino Gades—. Los cefalópodos pueden regenerar sus tentáculos y, por lo visto, nuestro Kraken no es la excepción. Llevo tiempo siguiéndoles la pista y te aseguro que no solo han vuelto, sino que han extendido sus redes más allá del estrecho de Gibraltar. Diría que tienen los tentáculos bien metidos en toda España. 

¡Jaque Mate! — exclamó son cierta sorna Auringi Yayyan mientras blandía con la mano izquierda su daga moruna para  colocarla entre los dientes y al mismo tiempo con la derecha se ajustaba un parche en el ojo del lado opuesto.


SERIE LOS 10.000

I. El Nacimiento

II. Los Vigilantes


Relato participante en los siguientes retos literarios

Homenaje a la Isla del Tesoro, Tintero de Oro

El Iceberg de Hemingway, Alianzara

(seguir los enlaces para ver los detalles de cada reto y las diferentes aportaciones de la comunidad)




Thursday, January 16, 2025

Los 10.000

Recuerdo, con claridad cristalina, que siendo yo niña aconteció un revuelo colosal en las redes sociales y demás medios de comunicación. La causa de tal alboroto fue el anuncio del nacimiento del humano número 10.000 millones, un suceso que el mundo entero aguardaba con expectación casi febril. Dicho evento, según se decía, simbolizaba la consumación de la superpoblación global y serviría de excusa a los gobiernos para restringir aún más las menguadas libertades de sus ciudadanos.  

Empero, ese mítico humano jamás fue uno solo. Por el contrario, en diversos rincones del orbe nacieron varios infantes que, con idéntico ardor, proclamaron ser aquel famoso y anhelado número. Yo misma conservo vívida memoria de, al menos, cinco o seis de tales criaturas, cuyos nacimientos coparon los titulares de los diarios y encendieron las tertulias públicas con apasionados debates.  

Es menester señalar que algunos de estos autoproclamados "10.000" fueron posteriormente desmentidos, ya que su llegada al mundo se produjo fuera del rango temporal estipulado. Pero aquellos que efectivamente vieron la luz entre el humano 9.999.999.999 y el 10.000.000.001 revelaron, con el tiempo, ser poseedores de dones extraordinarios. Fue así como el destino los congregó para formar la célebre liga de los "Defensores Insignes del Planeta" (La D.I.P.), una compañía de varones y mujeres que se enfrentaron al crimen, repelieron invasiones intergalácticas y desbarataron los turbios designios del oscuro Sabio Tenebra, entre otras gestas memorables.  

En tan ilustre hermandad destacó Onuba Awanaba, una mujer de notoria preeminencia por su condición de sinestésica. Nacida en la remota región de Bouba Kiki, Onuba tenía la singular capacidad de percibir el color verde como el sabor del caramelo, si bien sus poderes trascendían ampliamente esa curiosa peculiaridad.  

A su vera figuraban Auringi Yayyan, un hombre cuya prodigiosa ambidestreza le permitía acometer hazañas manuales de gran dificultad; Gades Gádir, campeón universal de Go y ajedrez; y Elvira Granada, una artista circense de renombre, versada en el arte del trapecio, la contorsión, el malabarismo y las disciplinas del ilusionismo como asistente de magos, prestidigitadores y mentalistas.  

Más tarde se incorporaron Olissipo Ulishbona, un hombre cuyo cerebro era tanto una bendición como un tormento, aquejado de condiciones febriles como hipermnesia, anamnesis y eidética, y su esposa, Aeminium Conimbriga, nacida en los gélidos montes de la isla Winhof, cuya resistencia al frío era tal que podía caminar descalza por la nieve durante días enteros.  

Finalmente, tras largas deliberaciones, se les unió la legendaria Minotaura(sic) de Creta, quien, no sin cierta reluctancia, accedió a formar parte de aquella singular cuadrilla.  

Cabe mencionar que otros cuantos integrantes, igualmente pertenecientes al linaje de los "10.000", permanecen en el misterio. Mas sus proezas, aún veladas por el tiempo, se narrarán en capítulos venideros.  

Wednesday, December 11, 2024

Comida saludable


En un prado verde y llano,  

donde pastos son el manjar,  

la Minotaura andaba errante,  

sin oficio ni lugar.  


Ignoraba las delicias  

que en las carnes se encerraban,  

creía que solo de hierbas y de hojas verdes

su apetito apaciguaban.  


¡Ay, alma mía!, suspira,  

que en mi móvil leo yo,  

banquetes de carne tierna,  

¿será mito o invención?  


Con el móvil siempre zumbando,  

rumian las ovejas cerca:  

¡Eres bruta, criatura!  

La carne es blasfemia cierta.  


¿Será que yo, vil engendro,  

puedo acaso hincar colmillo  

en un muslo de ateniense ?


¡Oh Zeus, dame tu gracia!,  

susurra con voz de asombro,  

y pide un plato rojo,  

de viscera sobre escombros.  


Un hígado crudo de Efebo,  

entre pan suculento ardiendo,  

hinca el diente y, ¡oh delicia!,  

el sabor va descubriendo.  


¿Qué néctar es este mío?  

Ni en mis sueños lo encontré.  

Hoy reniego de las hierbas,  

¡a los hombres comeré!  


Desde entonces, su destino  

es cazar con arte y gozo,  

pues encontró en los mortales  

el sabor más prodigioso.  


Y las redes ya lo cuentan,  

de la mitología nueva:  

La Minotaura carnívora,  

la devora hombres,

el terror que Atenas lleva.  

===

Poema para participar en la convocatoria de la iniciativa: 

Cada Jueves un Relato, 

Invitación de Marcos Planet: 

Tema: Bendita Ignorancia. 

Ver detalles del reto y otras participaciones en este enlace

Wednesday, December 4, 2024

Premio a una vida

Eran las 5:00 a. m., y  Hari Mole aún no podía asimilarlo. Frente a sus ojos tenía un expediente que probaba que toda su vida había sido una farsa. Allí estaba consignado el mayor escándalo del gobierno. Había dedicado los mejores años de su vida al servicio del país. Como espía, había llevado a cabo numerosos actos moralmente cuestionables, pero siempre creyó que lo hacía en nombre de un principio superior: "Ver a la patria grande, respetada y libre". Esa frase, aprendida en la academia militar, había sido un eco constante que lo impulsaba a continuar, una y otra vez: grande, respetada, libre...

Sin embargo, lo que tenía entre sus manos era un asunto clasificado, conocido bajo el nombre de "Informe Albatros", que demostraba algo devastador: nunca había luchado por el bien de su patria. Todo había sido una mentira. En realidad, siempre había sido un títere al servicio de oscuros intereses.

El informe detallaba hechos ocurridos cerca de un lustro atrás, implicando a varias agencias del Estado y al Presidente de aquel entonces en una serie de asesinatos no resueltos, relacionados con manejos financieros turbios de corporaciones petroleras y farmacéuticas.

Decidió fotografiar cuidadosamente las páginas más relevantes y, con manos temblorosas, devolvió el expediente al gabinete archivador donde lo había encontrado. Mientras salía de la habitación, sus pensamientos lo acosaban: ¿Cómo no lo vi antes?. Cada misión, cada sacrificio, cada noche en vela justificándose... ¿para esto? No podía evitar pensar en las familias de las personas que había eliminado bajo órdenes directas. No soy el verdugo, se repetía, solo el instrumento ciego. Pero ahora entendía que el verdadero verdugo no era un hombre, sino una mentira magistralmente construida.

El peso del silencio, que hasta ahora había sido su mejor arma, se le antojaba insoportable. Si revelaba el "Informe Albatros", su carrera y su vida acabarían. Nadie protegería a un traidor. La maquinaria que ayudó a mantener giraría en su contra con rapidez y sin piedad. No solo lo destruirían a él, sino que borrarían cualquier rastro de la verdad.

Entonces, algo en el nombre del informe captó su atención. "Albatros". Era irregular, no seguía las normas habituales. La palabra le daba vueltas en la cabeza hasta que lo entendió, era un juego ruso: "Alba Atroz". Comprendió que todo había sido un montaje. El informe era falso, pero su título contenía la única verdad. Quedaba menos de una hora para el amanecer, y quienquiera que hubiera colocado ese expediente allí, tenía un sentido del humor macabro. 

Entendió que había sido marcado como una amenaza desde hacía años. Lo mantenían vivo mientras seguía siendo útil. Ahora, esos años de servicio leal pasaban factura. Sabía demasiado y había ejecutado tantas "diligencias" cuestionables que podía hundir a varios miembros de la cúpula en el poder. 

Ahora era la presa de un sistema implacable. Si quería sobrevivir al menos unas horas más, debía actuar rápido y con sigilo. Consideró enviar correos electrónicos a los periodistas, con la esperanza de que alguien conociera la verdad. También barajó la posibilidad de pedir refugio en una embajada de una potencia adversaria. Pero ambos planes eran arriesgados. Después de todo, lo que sabía valía más que el oro.

Sacó de su bolsillo un teléfono encriptado y marcó un número que había memorizado años atrás. Nunca pensó que tendría que usarlo. Se detuvo justo antes de confirmar la llamada. ¿Vender mi alma al diablo?, se preguntó. Tal vez era una prueba, una última prueba de lealtad. Si destapaba el escándalo, no solo perdería la vida, sino también su honor. En cambio, el silencio, incluso en la muerte, podría preservar su dignidad.

El sol comenzaba a despuntar cuando tomó una decisión: caminar por la calle. Quiso disfrutar la frescura de un nuevo día. Ver el despertar de la ciudad era algo mágico, casi una pausa en medio del caos.

Respiró profundamente y sonrió, saco su pistola, la coloco en la boca y disparó.

Hari Mole cayó en cuenta que su muerte en un sitio público sería investigada no solo por las autoridades, sino por la prensa, la seria y también la sensacionalista,  no todos los días se suicida alguien vestido de espía, con unas fotos y teléfonos tan interesantes. 

Había encontrado una manera de mostrar el rostro oculto del gobierno. 

Friday, October 18, 2024

10.000 Millones

En la remota Creta, el viento soplaba entre las rocas de la montaña, rodeando el pequeño caserío donde Pasífae, una mujer curtida por la vida rural, se retorcía en un catre desvencijado. Al otro lado de la habitación, Asteria, la comadrona más vieja de la comarca, removía con calma un cuenco de barro. Parecía completamente ajena a los gritos de la parturienta.

—¡Asteria, mi alma! —gritó Pasífae, sudando a mares—. ¡Que me va a reventar el chiquillo, haz algo!

Asteria, con la parsimonia de quien ha visto más partos que días soleados en Galicia, masculló mientras agitaba las hierbas.

—Tranquilita, mujer. A ver, que todo esto es parte del show. El parto va como tiene que ir, niña. Como decían los filósofos ... "lo que es, es". Aunque igual tú lo ves como lo que "no es", ¡que ya me entiendes!

Pasífae, perdiendo la paciencia, gruñó entre dientes.

—¡Ni sé de qué me hablas, Asteria! ¡Solo quiero que el crío salga sano! 

Asteria se echó a reír, como si aquello fuera la petición más graciosa del siglo. Su risa, mezcla de carcajada andaluza y asturiana, resonó en la pequeña cabaña.

—¡Ay, hija, tú y tus expectativas! ¡Qué baja tienes la barra, muchacha! No sé si te han contao, pero resulta que Zeus me ha chivao un secretillo… ¡tu chiquilla es el humano número 10.000 millones!

—¿Cómo? —dijo Pasífae entre jadeos—. ¡Dios mío, que no me entere yo de más historias! ¡Yo lo que quiero es que sea normal!

—Normal, dice... —murmuró Asteria, limpiándose las manos en el delantal—. Pues ahí está el lío, reina mía. Hera se ha puesto celosona, ya sabes cómo es, y… bueno, le ha hecho un ajuste. Cosas de dioses, ya sabes.

Pasífae, sintiendo otra contracción feroz, intentó levantarse del catre.

—¡Un ajuste! —chilló—. ¡¿Qué tipo de ajuste?! No me digas que… ¡Ay, madre del amor hermoso, que me nace un monstruo!

—Hombre, "monstruo" es una palabra fea. A ver, digamos que va a nacer… un poco distinta. Hera le ha dado un toque bovino. Nada serio, ¿eh? Cabeza de vaca, cuerpo de persona. ¡Más original, imposible! Esto es como el pintxo de los bares del País Vasco, te esperas una tapa normal y te ponen algo que no sabes ni cómo comértelo.

—¡¿Cabeza de vaca?! —exclamó—. ¡Ay, Asteria, por lo que más quieras, no puedo tener una criatura así! ¡Zeus me perdone, pero con eso no puedo!

—Vamos, vamos, no seas exagerada, mujer. Que aquí, en este pueblillo, raritos somos todos. ¿Te acuerdas de Teseo, que no sale de casa sin la capa de torero? ¿O la de Dédalo, que jura que puede volar con alas de cartón? Anda, si al final la niña no desentonará tanto.

—¡Pero esto es una maldición! —gimió Pasífae—. ¿Qué va a ser de ella?

—Bueno, pues maldición, bendición, todo depende de cómo lo mires, reina. Si tú lo piensas, que tu hija sea la Minoayelada —que así se va a llamar, ya te aviso— es un hito, un hito histórico. ¡El humano 10.000 millones! Anda que no se va a hablar de ella en las ferias. "Mira, la niña que es medio ternera", dirán. ¡Y tú, su orgullosa madre, explicándolo en catalán y en vasco, para que todos te entiendan bien!

Pasífae gimió de nuevo, mientras una nueva contracción la hacía encorvarse.

—¡Ya viene, ya viene! —gritó, fuera de sí.

—Venga, va, vamos a recibir a la pequeñaja. Haz fuerza, Pasífae, ¡que esto no se hace solo!

Tras un último empujón y un grito final, el llanto del bebé resonó en la cabaña, aunque aquel sonido no era exactamente un llanto. Era más bien un... mugido. Asteria sonrió, y sin sorpresa alguna, levantó a la criatura.

—¡Ah, mírala, qué preciosidad! ¡La Minoayelada! —exclamó, con orgullo.

Pasífae, temblando, intentó mirar, pero cuando vio la cabeza de su hija, con dos cuernos diminutos y el hocico redondeado de una ternera, se desplomó sobre la cama.

—¡Dios santo! —susurró, entre lágrimas—. ¡Es una bestia!

—A ver, a ver, bestia no, que es tu hija. Y además, con esos cuernos tan monos, ya me la imagino adornada con flores para las fiestas del pueblo. Va a ser el alma de la feria, ya verás, txikita.

Pasífae, aún en shock, no podía apartar los ojos de su pequeña hija, mitad humana, mitad ternera. ¿Cómo iba a explicarlo? ¿Cómo iba a criar a una criatura así? Asteria, observando su expresión, le dio una palmada en la espalda.

—A ver, no te agobies. Esto es Creta, sí, pero en el fondo es como cualquier pueblillo de Andalucía o Cataluña. Aquí, todo el mundo tiene sus manías, y a la larga, se acostumbrarán. ¡Si te digo yo que la niña va a ser famosa!

—¿Famosa? —murmuró Pasífae, desconsolada—. ¿Famosa por ser un monstruo?

—Famosa por ser única, que no es lo mismo. Y cuando cumpla los dieciocho y vaya al pueblo, con su falda y sus cuernos bien bonitos, ¿qué más da lo que piensen los demás? Al final, en este pueblo, cada uno tiene lo suyo. Además, seguro que es buena ordeñando —añadió con una sonrisa pícara.

Pasífae soltó un sollozo, agotada, mientras Asteria le pasaba a la Minoayelada en brazos.

—Va a estar bien, Pasífae —susurró Asteria—La chiquilla se ve que tiene hambre, pero no le alistes el pezón, ya más adelante te diré que come este regalo de los Dioses.


Este relato participa en la convocatoria del 'Tintero de Oro' en homenaje a Miguel Delibes, 

Modalidad fuera de concurso.





El caso Troya

Hector Troya no entendía cómo una Numeróloga y Alquimista Empresarial  ciega iba a aclarar el lío del asesinato de su tío Aquiles. Pero si e...

 

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